Desde hace meses que mis visionarios vecinos, guiados por su profundo sentido artístico, están en plan de renovar la arquitectura del barrio.
Fieles a la idea de que se debe predicar con el ejemplo, resolvieron construir la segunda planta de su domicilio de una manera radicalmente distinta, creando un nuevo concepto en materia de arquitectura. Lo que en principio fue la motivación de esta pareja: hacerle la casa a la nena, se convirtió en una mera excusa para poner en marcha su potencial creativo y mostrar de qué es capaz el ser humano cuando se exploran nuevas ideas y opciones sin limitarse a los mandatos tradicionalistas. Fue así como inventaron esta nueva forma de construcción, algo que por estos pagos jamás hubiéramos ni remotamente imaginado: ¡tallar la casa partiendo de una única pieza de cemento gigante! Y además hacerlo poéticamente imitando a Penélope en la Odisea: picando y revocando, picando y revocando…
Obviamente la labor de los escultores, que a pico y martillo vienen dando forma a esta maravilla artística desde mediados del año pasado, trajo aparejada un alto nivel de contaminación auditiva, algo que no fue bien recibido por los habitantes de la zona. Si bien es entendible, ¿quiénes somos nosotros para quejarnos? ¿Acaso no sabemos apreciar el arte? Honestamente creo que a nadie debería molestarle sacrificar sus oídos y sus horas de sueño por algo tan noble como el patrimonio cultural de la zona.
Pd: no hacer un plano de la casa antes de construir es una MALA idea.
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