lunes, 15 de diciembre de 2008

Conectividad

Mi remera de colegio (con la sanguijuela y
las plantitas carnivoras pintadas)

Erizos, sanguijuelas, postres royal, plantas carnívoras: individualidades filosas, pinchudas, dientudas, atractivas… muy lejanas. Una corriente léxica las une a la distancia (a veces incluso los mismos títulos, los mismos animales). Realmente son las palabras las que mantienen a estos extraños unidos, los temas comunes que definen a cada uno de estos personajes. Pero si las palabras los unen ¿qué los mantiene separados? Originalmente creí que la similitud de carácter (carácter de erizo, solitario) era lo que los mantenía alejados. ¿Me equivocaba? ¿Les quitaba su esencia, su individualidad, los pensaba de acuerdo a mi propio modelo nada más? ¿O es acaso el camuflaje que algunos visten? ¿El desencuentro? ¿La distancia real, física? ¿Alguna palabra en común lo que actúa como repelente? ¿Los pinchos del erizo, el parasitismo de la sanguijuela, la distancia del observador, quizás?

Detengámonos en “la distancia del observador”. De algo estoy segura: de vez en cuando quiero dejar de verlos pasar por al lado y resignarme a mi rol de testigo, de observadora. Me es muy fácil reconocerlos, no importa cuan camuflados estén, ni cuanta gente haya alrededor, los veo, los admiro... cada tanto me plantifico en su camino y los saludo anónimamente. Espero poder cambiar eso.

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