Para entender de qué se trata hay que remitirse a su nombre, el cual deriva de la "comida" (típica de hotel familiar) conocida como "salpicón de ave".
El "salpicón de ave" es la máxima expresión del aprovechamiento y el menos ingenioso reciclado culinario posible al que es sometida la ensalada rusa de un almuerzo o cena (porque dudo que alguien desayune esa pasta heterogénea a base de mayonesa, alverjas -como diría Katz- zanahoria y papa)
Se parece un poco a la receta de Tzara para hacer un poema dadísta aunque, a diferencia de aquella, en el salpicón de palabras la selección de los ingredientes no se debe al azar, sino que implica un rol activo del cocinero.
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